Aviones de papel

Hace unas semanas, un amigo me¬† envi√≥ el siguiente art√≠culo firmado por Vicente Molina Foix , qui√©n escribe que ver el nombre del poeta Vicente Aleixandre en uno de los costados del A-340 de Iberia¬†antes de embarcar¬†le dio paz para afrontar el largo vuelo.¬†Un toque literario -como dice mi amigo- ¬†entre tanta medicina y t√©cnolog√≠a no nos vendr√° mal. Te recuerdo que la literatura es una buena medicina para el alma y de esa est√°n necesitados hasta los m√°s sanos…

 

 

 

Aviones de papel

VICENTE MOLINA FOIX

EL PAIS 13/08/2010

Ayer llegué a Barajas después de un vuelo de 12 horas en un avión llamado Vicente Aleixandre. El nombre del poeta lo había visto en un costado del morro, junto a la cabina de los pilotos, antes de embarcar, y me dio paz, sobre todo en las turbulencias sufridas durante el cruce del Atlántico, cerca de las costas de Mauritania. Llegamos a Madrid a la hora prevista. Antes de descender del avión, una de las azafatas, habiéndole mostrado mi curiosidad poético-aeronáutica, me contó la historia de las relaciones de Iberia con la literatura.

Sab√≠a yo de antemano que nuestra compa√Ī√≠a de bandera es, si no siempre puntual en los horarios, muy cumplida en las cosas de la nomenclatura. Ten√≠a en mi memoria, por ejemplo, el recuerdo de un vuelo a Lanzarote en el avi√≥n Timanfaya, el parque volc√°nico semi-extinto de aquella hermosa isla; son muchos los aviones nombrados seg√ļn la geograf√≠a del pa√≠s, desde los que incorporan accidentes de monta√Īa hasta los que designan ciudades. Tambi√©n me acordaba de otro trayecto en la aeronave Avutarda que hizo honor al nombre de estas aves zancudas de pesado vuelo y, tras un despegue abortado y una diferida aproximaci√≥n al aeropuerto de destino (congesti√≥n a√©rea, el mal de nuestros cielos), nos plant√≥ en Alicante con dos horas y media de tardanza. Un ecologista convencido me explicar√≠a despu√©s, con cierto orgullo de clase, que Iberia hab√≠a dado a una parte de su flota los nombres de la fauna nacional, buscando para cada uno el apoyo moral de personas de reconocida val√≠a; mi viejo amigo Joaqu√≠n Araujo fue el padrino del avi√≥n √Āguila Imperial Ib√©rica (¬Ņel m√°s largo de los ingenios que vuelan?) y Odile Rodr√≠guez de la Fuente la madrina del Halc√≥n Peregrino.

Pero vuelvo a lo m√≠o. La azafata literariamente bien informada me puso al corriente de lo muy antigua y persistente que es la presencia de los artistas espa√Īoles en nuestra aviaci√≥n civil. Se empez√≥ por lo visto con los pintores y los m√ļsicos (yo no llegu√© a montarme en ninguno de esos aviones), y en 1970, al primer Boeing B-747 de la compa√Ī√≠a se le llam√≥ Miguel de Cervantes, y varias de esas grandes naves, popularmente conocidas como los Jumbos, llevaron el nombre de Calder√≥n de la Barca, Lope de Vega o Francisco de Quevedo. A√Īos m√°s tarde, y no s√© si la democracia tuvo algo que ver con los cambios en esa fe de bautismo, llegar√≠an los aviones Miguel de Unamuno, Federico Garc√≠a Lorca, P√≠o Baroja y Jacinto Benavente, as√≠ como, en una iniciativa que excede felizmente todo cupo de atenci√≥n feminista, los Airbus A-340 puestos bajo la advocaci√≥n de Rosal√≠a de Castro, Concha Espina, Teresa de √Āvila, Emilia Pardo Baz√°n o, volviendo la mirada al pasado cl√°sico, Mar√≠a de Zayas y Sotomayor y la palpitante monja mexicana Sor Juana In√©s de la Cruz. Al hilo de esa lista de grandes damas de las letras me vino a la cabeza el d√≠a en que vol√©, sin saber que formaba parte de una serie, en el avi√≥n de Mar√≠a Moliner, la autora del maravilloso Diccionario de Uso del Espa√Īol, tal vez el libro que m√°s veces he tenido en las manos a lo largo de mi vida. Se me hizo corto aquel vuelo, pasado en un ensue√Īo de palabras sacadas del tesoro que nos dej√≥ la lexic√≥grafa aragonesa.

Hay por cierto otras tres mar√≠as en el acervo de la compa√Ī√≠a Iberia: la hero√≠na Mar√≠a Pita, la actriz Mar√≠a Guerrero y la fil√≥sofa Mar√≠a Zambrano, un ejemplo, esta √ļltima, asombroso de inspiraci√≥n para los responsables de nuestros medios de transporte, ya que la autora de Claros de bosque honra con su nombre, adem√°s de un avi√≥n, la estaci√≥n del AVE en M√°laga. ¬ŅLe habr√≠a gustado a esa maestra del pensamiento calmo verse conectada para la eternidad con un lugar de tanto trasiego? ¬ŅLe gustar√≠a a Picasso dar nombre al aeropuerto de la misma capital andaluza? ¬ŅEstar√≠a feliz Aleixandre, un tercer malague√Īo de esp√≠ritu, de prestar el suyo al avi√≥n que me trajo el otro d√≠a desde Am√©rica Latina?

Es curiosa nuestra relaci√≥n con los muertos ilustres. Les ponemos placas y calles, no siempre muy transitadas, y damos a las escuelas, a las bibliotecas y los centros culturales la impronta de su prestigio, sin importarnos mucho la continuidad de nuestro apego. El caso de Aleixandre es sintom√°tico, y conviene comentarlo una vez m√°s por escrito: su casa de la calle de Vicente Aleixandre (ex Velintonia), en la zona del Parque Metropolitano cercana a la avenida de la Moncloa, sigue abandonada y derrelicta, en medio de una disputa entre unos herederos y una Administraci√≥n que no se ponen de acuerdo en el dinero que costar√≠a adecentarla y convertirla en un centro de estudios po√©ticos o residencia de j√≥venes creadores. En Montevideo, la ciudad de la que yo volv√≠a precisamente en ese largo vuelo en el Airbus Vicente Aleixandre, me dijeron que quiz√° pronto se le d√© el nombre de Mario Benedetti a la plaza pr√≥xima al modesto piso de la calle de Ramos Carri√≥n, en Prosperidad, donde vivi√≥ tantos a√Īos el poeta y narrador uruguayo. ¬ŅY Onetti? Cada ma√Īana paso por delante del √°tico donde este compatriota suyo vivi√≥ exiliado hasta su muerte, y veo la l√°pida que lo recuerda. No s√© si me gustar√≠a volar en una nave espacial con el nombre de ese genio tumbado que, despu√©s de crear el pa√≠s de Santa Mar√≠a, no se asomaba al final de sus d√≠as ni a las ventanas.

 

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